NUEVA YORK.- Tras haber invertido
en su campaña el récord
de 9.5 millones de dólares, dos de
los cuales provinieron de su propio
bolsillo, el empresario Sebastián
Piñera asume hoy como Presidente
de Chile sumándose al
creciente número de hombres de
negocios que se dedican a la política
en el mundo.
“Se está convirtiendo en una
tendencia que en las democracias
de masas, donde las elecciones
cuestan cada vez más, los empresarios
gocen de mayores ventajas
a la hora de competir porque
pueden utilizar sus recursos personales”,
dijo a REFORMA el politólogo
Filipe Campante, profesor
de la John F. Kennedy School of
Government de la Universidad
de Harvard, que ha estudiado en
profundidad la relación entre política
y negocios.
Así, encabezada por el Primer
Ministro de Italia, Silvio Berlusconi,
la lista de hombres de negocios
que actualmente ejercen puestos
electivos está hoy engrosada por
el Presidente de Panamá, Ricardo
Martinelli; el Alcalde de Nueva
York, Michael Bloomberg; el
Jefe de Gobierno de Buenos Aires,
Mauricio Macri; el diputado
argentino Francisco de Narváez,
y el asambleísta y ex candidato
presidencial ecuatoriano
Álvaro Noboa. Y, hasta el año pasado,
Antonio Saca era Presidente
de El Salvador.
“En la mayoría de los casos,
además de las grandes cantidades
de dinero que aportaron a sus
campañas, existía sobre este tipo
de políticos una imagen de eficiencia
y competitividad en la iniciativa
privada que llevó a mucha
gente a pensar que serían buenos
líderes, que estarían concentrados
en mejorar la gestión y los servicios
a la población”, explicó Campante,
quien, sin embargo, resaltó
que la realidad se encargó de demostrar
muchas veces sus falencias
en el campo de la política.
Más allá de sus habilidades
en este ámbito, la cuestión que
más afecta la administración de
estos políticos-empresarios es
siempre el potencial conflicto de
interés que suele surgir entre sus
inversiones privadas y su gestión
pública. Y el caso más ilustrativo
es el de Berlusconi, quien, además
de tener negocios en los sectores
de la construcción, banca,
seguros, editorial y futbol, es dueño
del poderoso holding mediático
Mediaset.
“Berlusconi refleja de la peor
manera los riesgos que conlleva
tener un gobernante-empresario,
cuyo Gobierno está esencialmente
preocupado por defender
los intereses privados de su jefe.
Esto tiene un impacto muy negativo
para la democracia y el sistema
político en general”, destacó
Campante.
Muy distinto ha sido el desarrollo
político de Bloomberg, por
ejemplo, quien se desentendió de
la administración de sus negocios
en Bloomberg L.P. y ha ejercido
un gobierno transparente, mucho
más pragmático que ideológico,
siempre tratando de forjar
consensos para sus reformas graduales.
En América Latina, donde las
élites son muy reducidas, es más
difícil crear un contrafuego entre
la política y los negocios porque
todo el mundo se conoce, y si no
son los propios empresarios-políticos
los que siguen haciendo negocios,
los hacen sus familiares o
gente relacionada con ellos.
En Chile, Piñera, quien tiene
fuertes inversiones en la aerolínea
LAN, el equipo de futbol
Colo-Colo y el canal de televisión
Chilevisión, entre otros, comenzó
a vender parte de sus empresas y
está en proceso de poner otras bajo
un fideicomiso ciego para evitar
conflictos de intereses, aunque
sus críticos apuntan que no
es suficiente y que, además, se
benefició del alza en el valor de
sus acciones tras las elecciones
de enero.
Para Campante, la democracia
chilena está lo suficientemente
madura como para hacer frente a
los desafíos de tener un Presidentecon
este perfil empresarial.
Por otra parte, el analista chileno
Patricio Navia, profesor de
Ciencias Políticas de la Universidad
de Nueva York, subrayó a REFORMA
que la historia de América
Latina ha dado empresarios
devenidos políticos allí donde los
sistemas de partidos son más débiles,
y éstos hombres de negocios
se vuelven muchas veces líderes
populistas que prometen solucionar
todos los problemas.
“Cuando vemos países en los
cuales los empresarios quieren
ser Presidentes, como Ecuador
con Noboa, éstos buscan reinventar
un sistema político que ya no
está funcionando. Son más bien
el síntoma de un problema que
el problema en sí”, explicó Navia.
“Chile sería una excepción; Piñera
no aparece como un rechazo
al sistema político sino que es una
reafirmación del sistema político
que viene gobernando Chile desde
hace 20 años”, añadió.
De hecho, Piñera también llega
con una larga experiencia en el
sector público, como funcionario
de varios organismos y con ocho
años en el Senado, además de haber
sido el presidente del partido
Renovación Nacional. No es un
personaje empresarial que haya
estado ajeno a la política.
“Los hombres de negocios
suelen estar más preocupados por
ser más pronegocios que promercado,
y lo que necesitan los países
de América Latina son gobiernos
que faciliten la aparición de
mercados transparentes y competitivos,
y no necesariamente
negocios que tiendan a ser monopólicos
u oligopólicos”, advirtió
Navia.
Tanto para Navia como para
Campante, la arena política presenta
retos especiales a estos empresarios
porque los tiempos de la
política en general son diferentes;
hay que ser más pacientes, saber
consensuar y tener intereses distintos
a los de los accionistas de
una empresa.
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